Así es. Después de la tormenta, siempre llega la calma.
Lo difícil, a veces, es aguantar la espera.
Respetar los tiempos que la Vida maneja.
No perder la esperanza, ni la confianza.
Respirar y volver a respirar.
Cuando sientes que ya no puedes más,
que te vas a desbordar,
aparece un claro, llega la claridad.
Siempre que atravieso momentos tormentosos,
el primer impulso que me brota
es salir corriendo.
Me invita a hacerlo el miedo.
Con el tiempo he ido aprendiendo
que la huida no te libra de la tormenta,
que el chaparrón hay que pasarlo.