Pensé en ella, directa, naturalmente. Porque ella está disponible. Verdaderamente, disponible. Porque ella es verdadera. Y cuando ayuda, lo hace desde su verdad. Una verdad que no espera nada a cambio, que entrega sin más.
¡Qué respiro, no tener que recibir para poder dar en paz!
Y cuánta abundancia en ese saber recibir, agradeciendo la sencillez de lo que acaba por ser grandioso.
Es tan especial esta forma de dar, que puede pasar inadvertida.
Especialmente para los ojos que miran con prisa. Esos que en el ajetreo de la mirada ansiosa, pierden la profundidad del detalle.
Mientras, en su delicadeza, el detalle permanece a la espera, paciente. No tiene prisa, se sabe completo. Reconociéndose en esas pequeñas cosas que son nutrición para al alma, calma, alivio; qué requieren de tiempo disponible. Como es ella, capaz de respirar hondo en el ajetreo de su vida rutinaria, cotidiana, excepcional y única.
Hay personas que, en la sencillez de su presencia, son cruciales en nuestra vida.
Siempre me llamó la atención su particular modo de ser y estar en este mundo. Tan ordinario como extraordinario; sutil y material; visible e invisible. El juego de la polaridad. Igualando, equilibrando, cual malabarista, en el intento de permanecer atenta a la experiencia.
Observando los platillos que la rodean, en su movimiento, continuo, circular; aceptando el libre girar de cada uno. Asumiendo las caídas, las ausencias, la rapidez, la lentitud; brindando el apoyo que tiene disponible, siempre, cada día.
Así, fue, es y será, tabla de salvación para el alma en apertura; la que se muestra también disponible, capaz de recibir; de acoger el tesoro que recibe, de ponerlo en valor; de abrirse a la valoración de la propia vida, la que se despliega a través de gestos pequeños; que nos brindan el coraje y la fuerza para las grandes hazañas que lidiamos en nuestra humana existencia divina.
Tal vez sin saberlo, ella fue, es y será, tabla de salvación para mí.
Me salvaron sus palabras en los momentos ciertos, su entrega incondicional, su natural inspiración.
Me salvó varias veces saberla ahí, con su presencia verdadera.
Hoy me salva saber que ya soy capaz de mantenerme a salvo, yo, conmigo, sabiéndola mi amiga, siempre disponible.
¡Qué valiosas las personas buenas! Los seres humanos que, en su entrega, estando disponibles, brindan abrigo, esperanza; sin saber, sabiendo, sencillamente haciendo.
A toda la gente buena, y especialmente a la mujer que hoy dedico este relato, gracias por ensanchar la vida, haciendo que resulte gozoso el acto de respirar cada día.
Es maravilloso sabernos y vivirnos en verdadera conexión.

