hombres que lloran
Llegó con prisa a la sesión. Podía percibir su urgencia, incluso antes de que comenzara a verbalizar la desazón, el apremio interno, la necesidad de aliviar el dolor que le oprimía el pecho. El grito congelado en el tiempo, la emoción que quedó presa. El miedo a mirar la herida profunda, el corte que es abismo, entre la realidad vivida y la deseada.
Cuando es un hombre el que se entrega al llanto, tras lidiar su propia batalla, el forcejo cultural, algo especial se abre.